BIO 


CONSTRUYENDO DESDE AQUÍ
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Hay un territorio donde las disciplinas dejan de ser fronteras.
Donde la arquitectura no es sólo abrigo, ni el arte sólo contemplación.
Allí, el diseño se convierte en pensamiento material,
y la materia, a su vez, se vuelve argumento vital.

Ese territorio —hecho de cruces y continuidades— es el lugar desde donde trabajo.
Un espacio donde el hacer y el pensar conviven sin jerarquías,
donde el gesto técnico y el gesto poético son parte de un mismo proceso.
Vengo de una tradición mestiza, propia de esta América que se mezcla y se transforma.
Un territorio que no teme al cruce, que aprende de su diversidad.

Buenos Aires, con su pulso cosmopolita y su trama incesante,
ha sido el escenario donde esas influencias se encuentran.
Entre la ciudad y la llanura, entre la industria y la artesanía,
mi práctica construye un lenguaje propio, en diálogo con su tiempo y su lugar.

Trabajo con materiales que atravesaron otras vidas:
fragmentos de quién sabe qué, paisajes urbanos discontinuos. 
No por nostalgia, sino porque en ellos persiste una energía concreta,
una memoria activa que puede ser reorganizada.
No se trata de reparar lo dañado, sino de reconstruir sentido.
De descubrir, en la materia, nuevas formas de pensamiento.

Cada obra nace de un diálogo entre las ideas y la materia,
entre la mano y el entorno, entre la memoria y la invención.
El proceso, más que un medio, es una forma de conocimiento.

Hay una belleza que surge del equilibrio:
entre cálculo y azar, entre estructura y fluidez.
Esa tensión es el verdadero campo de trabajo.
No la entrega al destino, sino la conversación con lo posible.

Mi práctica no jerarquiza entre taller y obra, entre dibujo y construcción.
Todo es continuo. 
El gesto que dobla un metal es el mismo que ordena la luz en un edificio.
La intuición que guía una escultura es la que imagina modos de habitar sensibles,
coherentes con su entorno y su tiempo.

Construir es dar forma a una relación.
Entre personas, materiales, paisajes, memorias.
Es abrir un espacio donde la vida y la forma puedan encontrarse.
Donde la belleza no sea adorno, sino una manera de entender el mundo.

Cada proyecto es una pregunta:
¿qué puede la materia cuando se piensa desde la vivencia ?
¿qué puede el arte cuando habita la arquitectura?
¿qué puede el diseño cuando incorpora emoción?

Allí, entre la forma y su desvío, entre la intuición y la estructura, se traza mi trabajo:
un intento de re-unir lo que fue disgregado, de alcanzar lo que estamos soñado. 

Mirar el mundo no como conjunto de objetos,
sino como una trama viva de relaciones.
Una práctica nacida del cruce —entre la mano y la idea,
entre la ciudad y el paisaje, entre América y el mundo—,
donde la historia, la materia y el gesto
vuelven a pensarse como una sola cosa.

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